Reseña: "اقواس السويقة" ("Arcos de la Suikka")
¡Hola, transeúnte de la red que por alguna extraña casualidad ha acabado aquí! Tal vez sea tu primera vez aquí. En ese caso te doy la bienvenida a mi blog, un rincón más del universo donde se habla de libros.
El pasado verano fue uno curioso, extraño, pero, afortunadamente, lleno de lecturas. Algunas fueron excepcionales, otras más tediosas, y algunas otras, inolvidables.
Pero, sin duda, de entre las más memorables y entrañables, se encuentra "اقواس السويقة" (romanizado, "Akkuas el Suikka") o "Arcos de la Suikka", de Mustapha Chahboun.
Así que, si tú también quieres echar una ojeada a la Tetuán de hace cincuenta años; conocer a los vecinos del barrio judío, encontrarte con Abdelsalam Tex y el fkih Fartaj, súbete a una mula conmigo y vayamos a vender verdura en la plaza, a incordiar al Dos con los mosquitos y a atravesar los arcos de la Suikka.
Antes que nada, haré una breve introducción: "اقواس السويقة" o "Arcos de la Suikka" es una novela o colección de relatos autobiográficos escrita por Mustapha Chahboun y publicada en 2021 en árabe. Hasta ahora, no tiene traducción en ningún otro idioma, pero espero que sea posible en el futuro, para que personas de otras partes del mundo pueda abrir las páginas de este libro y entrar de lleno en su mundo.
Pero, ¿qué es lo que hace de Akkuas el Suikka una buena novela? ¿qué la hace destacar?
En primer lugar, hay que decir que el libro está escrito en formato de capítulos cortos, de cuatro o cinco páginas a lo sumo, y de una cara como mínimo. Que la historia esté fragmentada de esta forma permite que se vaya contando en relatos y anécdotas (relativamente independientes, pero conectadas), que suelen acabar con un punto de exclamación, una sorpresa o un toque de humor irónico, y consigue que el ritmo de lectura sea ágil.
Además, es cierto que no todos los capítulos siguen el orden cronológico, pero las líneas generales de la novela sí que lo hacen. Con esto quiero decir que no necesariamente ocurrió todo en orden exacto desde el capítulo uno hacia el cincuenta y pico, pero sí que están ordenados en el sentido de que Akkuas el Suikka tiene como punto de partida la infancia del protagonista, y le vamos acompañando a lo largo de su evolución hacia la adolescencia y la posterior edad adulta.
En este camino, nos topamos casi constantemente con personajes (reales) indudablemente entrañables, como el desgarbado ayudante del hilandero, El Dos, (que caminaba medio raro para que nadie pensase que la mantequilla fundida en el bocadillo de su bolsillo es pis), o Tammiso el albino, que hacía shfenj (rosquillas) por las mañanas; el fkih Fartaj, que hacía reír a pequeños y mayores, y convencía a los más escépticos de que la llegada del hombre a la luna fue real, el cruel Yarmim, que cobraba impuestos injustos a las jebliyas (campesinas) que vendían verdura, o Akiba, el joyero del Melah, el barrio judío, que estableció la innovadora técnica del pago por crédito.
También hay que tener en cuenta como personaje, desde luego, al protagonista, cuyo estilo de narración hace que sea una lectura hilarante, llena de comicidad y teñida de ironía, aunque también hay capítulos más serios, más graves, más... adultos.
El contraste entre el primer capítulo, en el que nuestro infantil protagonista va al hammam con su madre y algunos de los últimos, con un tono más grave, en medio del ambiente estudiantil fortísimo que había en las universidades marroquíes y de los conflictos populares (como la intifada del 84 de Tetuán), es impresionante, y le da más riqueza a la obra; es, de hecho, (y según mi interpretación personal), un recurso del autor para representar la brecha entre la colorida infancia y la oscura edad adulta... O quizás no sea un recurso y de verdad existe esa brecha en la vida real. Pero me hace sentir mejor pensar que solo es una antítesis literaria y no lo que me espera en el futuro, así que déjame ser feliz con mi ingenuidad.
Akkuas Suika es un libro histórico, y, en mi humilde opinión; si un libro está bien documentado e informado (o mejor aún, y como en este caso, vivido de primera mano) y se sitúa en una cierta época del pasado, puede ser muy útil para aprender historia. Más aún, para entender la historia de su propio país. Porque la historia, ya se sabe, la cuentan siempre los vencedores. La historia es distorsionada y moldeada al gusto de los poderosos más a menudo de lo que nos gustaría pensar o admitir; el pueblo llano siempre participa, pero no tiene espacio para escribir ni su firma.
Y desde luego, no es lo mismo leer un libro de texto que te cuente unos sucesos que leerlos en una novela escrita de primera mano; la diferencia radica en la primera persona, en la cercanía, en los detalles que la Gran Historia pasa por alto. La diferencia radica en la humanidad.
Por poner un ejemplo, leer sobre el Holocausto judío desde la perspectiva de un historiador moderno podrá ser muy informativo, y también impactante, pero leer directamente la experiencia de un judío en la época nazi, (como en El diario de Ana Frank), es verdaderamente más fuerte, más cercano, y más humano.
Por lo tanto, un punto importante de la novela es el hecho de que esté situada en el Marruecos del siglo pasado, y que nos cuente eventos, grandes y pequeños, que tuvieron lugar entre los años 60 y 80.
Naturalmente, hay algunos acontecimientos que fueron más personales para el autor, y que vivió más de cerca, y otros que pasaron en el país y que lo afectaron de una forma u otra, aunque fuese indirectamente.
En este libro se nos cuentan, intercalados entre relatos, (y a veces incluso como tema principal del capítulo), golpes de estado, elecciones, conflictos políticos, y la llegada del hombre a la luna; así como la tristeza que se asentó en el barrio tras la gran hijra (inmigración) de la juventud a partir de finales de los 60, o el desempleo y la ruina después de la política de marroquinización en los 70, y, por supuesto, los crímenes de odio y la expulsión "indirecta" de todos los judíos del Melah, rompiendo con décadas de amistad, fraternidad y respeto entre tetuaníes de todas las religiones.
Pero no es todo desgracia. Mustapha nos habla también de las fiestas que tenían lugar; la festividad desenfrenada (y realmente forzada) de Eid el Arsh, o Fiesta del Trono, que se celebraba cada 3 de marzo... la capa de pintura blanca que se le daba a las casas cuando el Ramadán se encontraba a la vuelta de la esquina, y como en estos días los niños jugaban en la calle hasta altas horas de la noche... la música, y los dulces, y los familiares reunidos en los compromisos, las bodas y otros acontecimientos que solo tienen lugar una vez en la vida, como la tthara de nuestro protagonista.
Y hay cosas históricas que se cuentan y que no tienen tanto que ver con eventos concretos como con la sociedad y la forma de vida de la época; la escuela, con su comedor, sus profesores y sus alumnos, (y el muro de Berlín que la separaba del colegio de las chicas), el Msid o escuela coránica, y la severidad del fkih... o las largas jornadas de diversión y juego de los niños, que hacían literalmente de todo (desde comer tajines que estaban destinados a las ofrendas y nadar en las fuentes, hasta jugar al fútbol entrenados por el ilustre Abdelsalam Tex, que estaba empeñado en casarse con una sola y única mujer, porque había quedado prendado de ella tras verla llevar un traje de deporte).Aprendemos también que, en este tipo de entorno, todos los vecinos se conocían, y se llevasen bien o no, todos tenían casi que la obligación de ser solidarios y amables entre sí; existía un gran respeto entre los habitantes de un barrio. Además, todos los adultos educaban en conjunto a los niños y adolescentes, y la jerarquía social se basaba no en el poder adquisitivo o la riqueza, sino en la edad y experiencia de cada uno. Si un adulto veía a un niño gritar a otro un insulto (¡din d yemak!), lo reprendía hasta que se ponía rojo de vergüenza, aunque a ese mismo adulto se le pudiese escapar un par de veces esa palabra malsonante si pisaba barro con su bligha (babucha) o se le descosían las mangas de la chilaba nueva mientras se la ponía en la mezquita (¡din d babak!).
Como mencioné anteriormente, los capítulos van perdiendo en humor hacia la recta final, cuando va entrando en la edad adulta, pero lo que pierden de hilarante lo ganan de importante y esencial para entender los conflictos tan graves que tuvieron lugar durante esos años en Marruecos: ya no estamos entre las calles de la Medina antigua de Tetuán; ahora, con el protagonista, nos hemos ido a Fes a estudiar, en medio de una época llena de turbulencias. Ya no estamos protegidos por las paredes de la muralla y por las siete puertas de la Medina; hemos salido al mundo exterior, con todos sus peligros. Es en este contexto donde nos presentan también la vida estudiantil en Marruecos, y algunos acontecimientos, como la anteriormente mecionada intifada del 84.
Además, leer el libro con mi padre fue un gran bonus para la experiencia; en parte, como mi árabe no es el mejor, fue una buena oportunidad para mejorar mi velocidad de lectura, aprender palabras y expresiones, cobrar más soltura y fluidez en el idioma... Por otra parte, fue muy útil para aprender muchísimas cosas que no sabía sobre la historia de mi país, acompañadas de los comentarios y explicaciones de mi padre, que vivió su infancia aproximadamente en la misma época que el autor, y también comparte muchas experiencias con los personajes de la historia. Y, sobre todo, nos dio una excusa para debatir, hablar, pasar rato juntos en vacaciones y reírnos con los finales inesperados, los chistes, y los personajes y situaciones más únicas e hilarantes.
Como dije al inicio, espero con ansias a que algún día se pueda traducir a otros idiomas para que más personas puedan disfrutar de Akkuas el Suikka, pero, independientemente de si sabes árabe, o de si tienes un padre tan guay como el mío (que, perdón por la arrogancia, pero lo dudo), creo que es una lectura excelente para aprender y disfrutar al mismo tiempo, y la recomiendo mucho.
¡Gracias por leer hasta aquí (incluso si te has saltado casi todo por que te daba pereza leer hasta el final)! Y recuerda sonreír hasta en los días más difíciles, pues "La felicidad se puede hallar hasta en los más oscuros momentos, si somos capaces de usar bien la luz" (Harry Potter y el Cáliz de fuego).
Gracias 😊 por tu brillante fluidez y sincronización,
ResponderEliminarNaufal
ResponderEliminarGracias por acercarnos esta hermosa experiencia novelística.